Shakespeare, retratista del alma
Luis Navarro
Arteaga
Si la charla
entre William Shakespeare y Miguel de Cervantes, en el cuento Encuentro en Valladolid
del inglés Anthony Burguess, no fuera ficción sino una anécdota, es posible que
la idea que tendríamos de El Bardo de Avon es que era un escritor efectista que
usaba la intriga, la violencia y la sangre para conmover a sus espectadores,
pero no era capaz de mirar una corrida de toros. Es decir, que en la ficción el
dramaturgo podía ser extremadamente agresivo y complejo, pero en la realidad
era un niño mimado que no soportaba la violencia de la vida cotidiana.
Afortunadamente
el cuento de Burguess es eso, una fantasía en la que el autor hace dialogar a
los dos más grandes genios de la literatura universal, porque Shakespeare es en
verdad un retratista de las pasiones humanas y es tal vez en Hamlet, príncipe
atormentado por la furia y asediado por el infortunio, en la obra que se
sintetiza la maestría con la que el británico puede tejer una historia sobre el
poder, la traición, las ambiciones y crear el personaje que compite en
popularidad y locura con el Quijote del español, tan conocido por sus molinos
de vientos como el príncipe danés por la disyuntiva entre “ser o no ser”.
Shakespeare,
quien nació en Stratford, Upon, Avon, Reino Unido, en 1564 y murió el 23 de
abril de 1616 y es considerado el mejor dramaturgo de todos los tiempos, es el
genial retratista de las pasiones humanas, el que nos muestra los celos, la ira,
el amor, la locura, mediante el diálogo y el lenguaje oral, quien en un tiempo
reducido nos puede conmover e indignar, quien nos revela que los grandes
conflictos por el poder son intemporales.
Sobre la fecha de
su muerte es pertinente hacer una aclaración, ya que se dice que murió el mismo
día que Miguel de Cervantes, el 23 de abril, aunque ni el español falleció en
esa fecha que es la de su entierro, ni tampoco El Bardo de Avon, pues en
Inglaterra se usaba el calendario Juliano y en España el gregoriano -que
actualmente ocupamos- entre ambos acontecimientos existe una diferencia de
varios días.
El dramaturgo fue
el tercero de los ocho hijos que tuvo John Shakespeare, acaudalado comerciante
y político, y Mary Arden. Su familia sufrió persecuciones religiosas debido a que
era católica, y aunque hay pocos datos sobre su infancia se cree que no estudió
mucho, pero se le consideraba culto en su época, sin embargo, no lo suficiente,
por eso se decía que no era el autor de sus obras.
Su vida literaria
comienza con la publicación, en 1593, de su poema Venus y Adonis, que fue bien
recibido en Londres; si hubiera sido solo poeta tal vez eso le hubiera bastado
para ser reconocido, pero fue el teatro -el gran espectáculo de la época- el
que le daría renombre. En total escribió catorce comedias, diez tragedias y
diez dramas históricos.
Son las grandes
tragedias y las llamadas «comedias oscuras» las que lo convierten en el gran
retratista de las miserias humanas mismas que son publicadas a partir de 1600.
Esos, los grandes temas son los que permiten a la gente identificarse con los
personajes y el discurso de Shakespeare.
El Hamlet indeciso entre la venganza y el perdón, Macbeth y la tentación
del poder, Otelo y la crueldad generada por los celos; luego vendrán las
tragicomedias y el final de su carrera.
Con el paso de
los siglos, la obra de El Bardo de Avon no ha decaído, al contrario, en los
últimos siglos ha nutrido al cine con sus Hamlets, sus Romeos y Julietas, así
como sus Sueños de una Noche de Verano, es más, el cine ha abrevado en su obra
para presentar versiones libres de sus obras y de su vida como Shakespeare
Enamorado y escrita por el shakespeareano Tom Stoppard, quien también dirigió Rosencrantz y
Guildenstern están muertos, particular versión de Hamlet. En este rubro también
destaca Keneth Branagh, quien experimenta con los textos de Shakespeare.
De hecho, es el
autor más filmado, se calcula que hay 308 películas que abordan las obras del
dramaturgo de manera más o menos fiel, hay más de 40 versiones modernizadas y muchas
parodias incluidas la de nuestro Mario Moreno “Cantinflas”. La obra más filmada
es Machbet, con más de 30, Hamlet tendrá unas siete versiones y Romeo y Julieta
otras tantas.
Pero la obra de
Shakespeare sigue viva en nuestra vida cotidiana, porque aunque no hayamos
visto jamás una obra de él, sabemos por qué a un hombre celoso se le dice
Otelo, porque a los enamorados les decimos Romeos.
Como podemos ver,
William Shakespeare es un autor universal y es con Cervantes, sin duda, el otro
gigante de la literatura. Aunque el español venga del sufrimiento, de la
discapacidad, del fracaso y de la esclavitud, no es mejor en retratar el alma
que el inglés, quien nos legó un enorme catálogo de facetas de nuestra
existencia a veces excelsa y muchas veces miserable porque logró darle voz a
las pasiones humanas, por eso qué bueno que el maravilloso relato de Anthony
Burgess sea solo ficción.

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